¿Cuál es la relación entre Cultura y Desarrollo Sostenible?

Sin cultura no puede haber un desarrollo sostenible. La Cultura forma parte de nuestro ser y configura nuestras formas de vida. Abarca los valores, las creencias, las convicciones, la expresividad humana, las lenguas, los saberes y las artes, las tradiciones, instituciones y modos de vida por medio de los cuales una persona o un grupo manifiesta su humanidad y los significados que da a su experiencia y a su desarrollo. Los valores de la sociedad son la base sobre la que se construye todo lo demás y, la forma en
que estos se expresan, son su cultura. La vitalidad cultural es tan esencial para una sociedad sana y sostenible como la igualdad social, la responsabilidad ambiental y la viabilidad económica.

¿Qué es la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible?

Decididos a lograr el ambicioso objetivo de transformar nuestro mundo, 193 países frmaron en septiembre de 2015 la Agenda 2030, un plan de acción a escala global que integra las aspiraciones universales de progreso humano, económico, social y ambiental. Su propósito es lograr el desarrollo sostenible para todo el planeta sin dejar a nadie atrás, y la hoja de ruta para alcanzarlo son los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con sus 169 metas: una oportunidad única para sentar las bases de una transformación global sin precedentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, para que la Agenda 2030 y los ODS sean una realidad, precisan de la apropiación y el compromiso sólido de un amplio número de actores. Se trata de una tarea que ha de involucrar a los diferentes niveles de gobierno, a las universidades, empresas, sociedad civil, Tercer Sector y, cómo no, a los agentes culturales.

¿Por qué la sostenibilidad te interesa si produces cultura?

Porque la cultura acompaña a los debates que se producen en la sociedad. La sociedad civil y las instituciones han abierto en los últimos años un debate amplio y rico en torno a la cuestión sostenible y el mundo cultural no puede mantenerse aparte. La cultura desactualizada hace peligrar su conexión con la comunidad a la que pertenece.

Porque la cultura es un agente de cambio social. La cultura tiene el privilegio de formar parte de todos los ámbitos artísticos y de muchos no artísticos dentro de la vida humana, pero por la misma razón su responsabilidad para con la sociedad y con su mejora y desarrollo es crucial e ineludible. La cultura debe promover y dar voz a los a los retos humanos de la actualidad y la sostenibilidad del planeta en el que vivimos es sin duda uno muy relevante.

Porque la sostenibilidad conduce a la optimización de recursos. En contra de la creencia de aumento de costes que tradicionalmente se le ha atribuído a la producción sostenible, una buena utilización de los recursos es sin duda siempre una opción no sólo más sostenible, sino que favorece una producción sin desperdicios, optimizada, que a largo plazo reduce los gastos, además de reducir el impacto medioambiental.

Porque las audiencias demandan un producto sostenible. El mercado ha cambiado en los últimos años a la par que la ciudadanía, que cada vez está más concienciada con la producción sostenible y que frente a dos productos de características similares elige el que mejores condiciones de producción cumple. La competencia en el mercado cultural pasa por la reinvención del producto artístico para que cumpla con los estándares de sostenibilidad a los que los consumidores ya no quieren renunciar. En conclusión: el producto se posiciona mejor y tiene mejor acogida.

Glosario

EN CONSTRUCCIÓN

¿Cómo conecto con otras personas interesadas en el tema?

En la sección de alianzas, podrás encontrar distintos colectivos que ya están trabajando con un enfoque sostenible en el sector cultural. 

Además, puedes unirte al grupo de Facebook REDS Sostenibilidad+Cultura, una comunidad de gestores culturales, artistas y profesionales ligados a las industrias creativas que creen en la capacidad de la cultura para promover los valores de la Agenda 2030. 

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¿Qué significa ser sostenible?

Si revisamos los diccionarios de hace tan solo quince años podemos ver que “sostenible” equivalía a la capacidad de tener una economía saneada que se mantuviese en el tiempo, sin merma de sus recursos. Ni tan siquiera mencionaban, como hacen ahora, el término “medioambiente”. El nuevo significado que adquieren las palabras nos muestra un cambio de actitud, una toma de conciencia ante un fenómeno al que nos enfrentamos a escala mundial. Pero aún así, los diccionarios llevan un cierto retraso con respecto a la realidad social. No incluyen, por ejemplo, la palabra “Antropoceno”: la que vendría a ser la actual era geológica en la que habitamos y que nace con la primera Revolución Industrial. Es la primera en la que la huella del ser humano ha impactado de forma drástica en la naturaleza. El cambio climático o los fenómenos meteorológicos extremos son dos consecuencias, quizás las más graves, de un tipo de desarrollo depredador que solo ha buscado el crecimiento económico.

Para explicar esta nueva realidad, hoy empleamos un concepto más amplio, adoptado universalmente: el de Desarrollo Sostenible, aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas propias (definición del Informe Bruntland, 1987). Para ello, a las dimensiones económica y medioambiental ya mencionadas le debemos sumar la dimensión social y la de buena gobernanza (que exige paz y democracia). Y está en nuestra mano el añadir la cultural.

Podemos constatar que cada vez más agentes y centros culturales se abren a tratar la temática e incorporan en su programación los desafíos globales que enfrenta la Humanidad como la crisis ecológica, las migraciones o las desigualdades. Para darnos visiones, compartir aprendizajes y conocer casos inspiradores, es importante reunir y comunicarse entre expertos nacionales e internacionales que vengan trabajando en las intersecciones entre arte, cultura y desarrollo sostenible desde distintos ámbitos (la gestión, la programación, las políticas culturales o el activismo).

Sin desarrollo sostenible, no hay futuro. Esto implica repensar nuestra manera de vivir en este mundo, significa replantearnos cómo hacemos las cosas y aceptar nuestra responsabilidad hacia las generaciones venideras. Sin duda, es un reto complejo, pero no imposible.

Los agentes culturales están deseando activarse y contribuir a hacer este mundo mejor, pero el desafío es inmenso y aún falta información y herramientas. Esta plataforma pretende empezar a rellenar esas lagunas y poner su granito de arena.

¡Somos muchos los que ya nos hemos decantado por la senda sostenible, pero necesitamos ser más!

Extracto del artículo de Marta García Haro “Impulsando una cultura más sostenible” publicado en la Revista Conectando Audiencias nº 12 Año 2017.